- En un lugar muy bello, al sur de un país lejano, se encontaron, un día, un gato travieso y una triste cigarra, que se encontraba detrás de una cerca. Desde entonces se hicieron amigos, y las horas platicando volaban, hasta que una mañana:
- ¿Qué se siente?
- Es como cuando tomas o comes algo caliente, sientes que todo por dentro se te llena de calor, los ojos te empiezan a picar, al principio batallas para que tus ojos se acostumbren, pero cuando lo logras, es hermoso.
- ¡¡Guau!! Han de ser hermosos los amaneceres aquí.
- Lo son. Lastima que no puedas verlo. Nunca te he preguntado, ni tu has querido platicar nada al respecto, pero tengo tiempo de conocerte y de contarte y explicarte como es la vida, los amaneceres, los atardeceres, la nubes. Dime ¿Qué te pasó?
- Esto, mi amigo, fue resultado de mi error, por confiar en el humano. Una tarde, una hermosa tarde anaranjada, mientras volaba feliz por el valle, la curiosidad me hizo acercarme al jardín de una casa y asomarme por la ventana. Es cuando lo vi. Era solo un niño y se veía tan tierno, que decidí acercarme aun mas, el me tomó en sus manos, me llevó a su habitación y me metió en una pequeña caja. Todas las mañanas salíamos a jugar en el campo y veíamos los atardeceres juntos. Era tan agradable su compañía, que olvide volar, no había necesidad de hacerlo, el me tenía en un ambiente artificial tan cómodo, que a veces parecía real. Un día, no se que cambió, pero ya no se sacaba a ver los atardeceres, ni jugábamos mas en el campo. El ambiente que me fabricó comenzó a decaer, el aire se volvió denso, pesado. Mi canto fue de reclamo hacia el, pero no escuchó.
Una mañana, harta de esperar a que recordara que estaba ahí, moví la tapa de la caja y quise volar y escapar por la ventana que había dejado abierta.
El me vio y, furioso, cerró la ventana para que no escapara.
Sin remordimiento alguno, quemó mis ojos, para que no pudiera ver por donde escapar y lastimó mis alas, para que ya no pudiera volar más.
- Pero ¿Cómo es posible que fuera capaz de hacerte tal daño? Si más de mil noches lo arrullaste con tu canto.
- El humano es egoísta y tiende a dañar lo que ama, es su naturaleza destruir a quien lo ayudó.
- Arrastrándome por el suelo, esperando a que no se escucharan los pasos de nadie en la casa, logré salir por debajo de las puertas, herida, me perdí, caminé y caminé hasta que ya no pude más, encontré un lugar calido y seco y aquí estoy desde entonces. Tiempo después escuche que alguien hablaba del otro lado de la cerca, eras tu. Tu me has ayudado mucho. Mas que mi amigo, eres mis ojos en el mundo, tu me guías, me escuchas.
- Amiga, no te había querido decir nada, no hasta saber el por que estás aquí, pero, ¿Ya intentaste volar?
- ¿Cómo podría volar, si mis alas están rotas?
- Hace mucho tiempo ya de eso, tal vez tus alas sanaron ¿Ya lo intentaste?
- ¡No!, pero aun si lo intentara, ¿como podría volar sin ver?
- ¿Y como sabes que no ves?
- ¡¿No escuchaste nada de lo que te dije?! ¡Me quemaron los ojos!
- Pero..¿Ya los abriste?
- ¡No! Pero la ultima vez que lo intente, el dolor me hizo cerrarlos de nuevo.
- ¿Hace cuanto de eso?
- No lo se, no lo recuerdo.
- Y si ya no lo has intentado ¿como sabes que aun te dolerán?, tal vez sanaste y tu misma no lo quieres aceptar.
- No seas tonto, ¿como no querría volver a ver o volar?, si era lo que mas amaba en este mundo.
- Tal vez por miedo, el volar libre te causó ese dolor tan grande y tal vez inconcientemente lo evitas para no volver a sufrir. ¡Inténtalo!, abre tus alas e intenta volar.
- La cigarra abrió sus alas, con miedo, ya que la última vez que intentó volar aun sus alas estaban rotas, y el dolor que le causo esa acción fue tal, que no le habían quedado ganas de volver a hacerlo. Comenzó poco a poco a moverlas, cada vez más y más rápido, hasta que logro levantarse del suelo.
- ¡¡¡Lo lograste!!! ¿Lo ves? Solo era cuestión de intentarlo. Ahora abre tus ojos
- ¡No quiero! ¡Me va a doler!
- Inténtalo. Despacio, ábrelos, si sientes que te duele, los cierras y no pasa nada.
-
La cigarra, poco a poco, abrió los ojos. Al principio todo se veía borroso y los ojos le ardían un poco, pero después las cosas comenzaron a verse más claras, y por fin pudo ver la cara de su amigo.
- ¡Hola gato feo!
-
Dijo en broma la cigarra, dirigiéndose a su amigo.
- ¿Me puedes ver?
- ¡Si!, pero de haber sabido que eras tan feo, me hubiera quedado con los ojos cerrados.
-
Dijo la cigarra, soltanto una gran risa.
-
El gato tomó entre su pata a la cigarra y la estrecho cariñosamente.
- Sabía que podrías ver si lo intentabas. ¿Ves que tenía razón? Ahora vuela y dime que tal.
-
La cigarra alzó el vuelo y pudo, después de tanto tiempo, sentir el viento tibio de un día de primavera.
FIN.
Y yo sigo en la vida cazando amaneceres, cazando sueños, sueños que mueren, donde nace tu boca y mi alma se pierde...