martes 5 de julio de 2011

Ni bien ni mal, sino todo lo contrario.

La lluvia cae, vanidosa, altanera, segura de que al hacerlo lavará viejas heridas, y que ya no dolerán más.

Se equivoca. Otra vez.

El recorrer la vida como la recorro es como navegar en un rió en completa calma, sin esa pequeña corriente que te lleve hacia la derecha o la izquierda. Vivir sin alma es eso, carecer de dirección, y solo flotar por pura inercia.

Recuerdo vagamente la última vez que me desperté antes que el sol y fui a darle los “buenos días” a mi sitio acostumbrado.

Recuerdo que el cielo era anaranjado, y al asomarse el astro rey las pequeñas nubes que osaban flotar en el horizonte se tornaron tan insignificantes antes la majestuosidad de dicho acontecimiento.

La luna aun hacia presencia en el firmamento, esperando la completa incorporación de su relevo, para poder ir a descansar por fin, después de una noche de luces, baile, amantes y sirenas.

Aun escucho ese timbre tan agudo mientras duermo. Aun me hace despertar de un salto para darme cuenta que no es más que mi mente, o mi conciencia.

No quiero escribir, una negra apatía me invade, solo quiero dormir.

Regresaré cuando tenga algo interesante que contar.

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